Hasta el momento, en este curso hemos llevado a cabo una recuperación de algo que hemos dado en llamar filosofía de la diferencia. En primer lugar, podemos decir que dentro de este marco de trabajo, la filosofía de la diferencia construye su identidad en contraste con la tradición metafísica propia de una ontología como la iniciada por Aristóteles. Uno de los puntos que considero que más remueve la idea fundamental contenida en la propuesta aristotélica es precisamente la manera en que se comprende la diferencia. En Aristóteles la diferencia es una cosa más allá de la otredad o la diversidad, la diferencia es realmente reconocida como oposición. La oposición, evidentemente, crea contrarios. Dentro de esta idea de los contrarios, cuando nos alejamos de las ideas bipolares, es decir, de aquellas en las que la identidad de algo se construye, principalmente, a través de su reconocimiento frente un canon externo, la diferencia se vuelve menos fuerte, es decir, menos clara y, consecuentemente, imperfecta.
Una ontología propuesta de esta manera implica estabilizar los seres en formas absolutas, estáticas, acabadas y por ende comprendidas solamente a través de su reconocimiento desde una diferencia negativa. En otras palabras, aquello es, puesto que no es esto. Frente a ello, al menos si he entendido correctamente la reconstrucción desde los autores que hemos visto hasta el momento, la propuesta de la filosofía de la diferencia busca presentar como derrotero la necesidad de cambiar la perspectiva a través de la cual nos acercamos a la diferencia, en lugar de entenderla como tradicionalmente se ha hecho, es decir, como la negatividad de una cierta característica o criterio; sería más apropiado buscar aquello que la diferencia es de manera positiva.
En este punto sería importante mencionar que la negatividad de la diferencia tradicional no es solamente en su relación con lo propio, con lo establecido, con el referente, sino que podría también hablarse de una negatividad ética, e incluso estética en la diferencia. Foucault, en la introducción del Anti-Edipo de Deleuze y Guattari, afirma que deberíamos escapar de lo Negativo, en general. Considero que esta apuesta cambia la balanza ética, ontológica y epistémica desde la cual se lee la realidad. La política tradicional, evidentemente, pero de ahí en adelante la economía, los estudios sociales más tradicionales, aquellos que llevaron a la consolidación de una antropología y una etnografía pueden ser leídos a través de la óptica crítica que propone la filosofía de la diferencia. Tal vez, por lo novedoso de estas ideas, la propuesta ha sido siempre leer diferentes situaciones de la realidad desde estas ópticas. Y es que, si tomamos los lentes de la diferencia, la mayoría de nociones sobre la realidad están construidas desde la diferencia entendida como algo negativo. Me pregunto, ¿será quizá un sesgo epistémico que nos lleva a construir relaciones solamente negativas o un lastre que venimos cargando desde que se determinó que la manera para tener un conocimiento claro y distinto sobre la realidad, e incluso las ideas que utilizamos para organizarle y conocerle? Es más, basado en la anterior pregunta, sea cual fuere su respuesta, lo importante es que deberíamos apostar por una comprensión, precisamente, de ella desde la positividad de la diferencia.
Como se mencionó previamente, la negatividad no solamente es evidenciada a través de la manera en que la relación de los objetos es leída, comprendida y luego consolidada conceptualmente, sino que ella usualmente acarrea unos juicios que ya no son solamente ontológicos, sino que se extrapolan a otros esquemas lógicos que redundan en afirmaciones de naturaleza estética y ética sobre lo otro, lo diferente. Finalmente, lo que llega a ser más preocupante es cómo estos fundamentos afectan la praxis humana. Es allí donde hemos podido evaluar las actuaciones que ya son ampliamente conocidas en nuestra contemporaneidad: las guerras, muchas de ellas impulsadas por universos dicotomizados los cuales solamente permiten, y fuertemente se fundamentan en, una lectura de la realidad, y del conflicto mismo, como el conflicto Israel-Palestina, Rusia-Ucrania, las guerras internas en varios países de África, incluso el conflicto Estados Unidos-Colombia en el que nos encontramos inmersos hoy en día.
Sabiendo que se aproximan las elecciones para presidente en nuestro país, puede ser provechoso analizar cómo el sistema legislativo -el cual se jacta del alcance más renombrado tanto en la democracia colombiana, como en la estadounidense: su bipartidismo- necesariamente, justificado en un afán práctico, tal vez -esto es una asunción irresponsable que surge del desconocimiento de las razones por las cuales el proceso electoral busca, con el paso del tiempo y de las campañas electorales, ir reduciendo cada vez más la contienda política proponiendo alianzas y, tal vez, consecuentemente militancias-, reduce los espectros políticos hasta que solamente quedamos con representantes polarizados. Esta es pues mi propuesta para llevar a cabo el proyecto de investigación. En este afán, de seguro será necesario adentrarnos no solamente en los discursos de los candidatos, lo más evidente, claro, lo más tangible y propenso de ser analizado, sino, además, en las dinámicas legislativas que rigen la contienda política y su fundamentación en una aparente metafísica y ontología de la diferencia negativa. Esto incluso puede que nos lleve a la revisión de las estructuras lógicas que fundamentan la decisión de la reducción del espectro político en tiempos electorales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario